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En la siempre curiosa concepción china de la vida, el Agua simboliza aquello que se precipita cayendo hacia el interior de algo, la energía que hace rebosar cada recipiente que encuentra a su paso. Resulta curiosa la imagen del sauce llorón que apenas cuenta con unas pocas raíces en su base, pero que busca con sus ramas colgantes volver a la tierra. En parte esta imagen sugiere la vuelta del hombre hacia sus orígenes, pues el Agua que cae sobre la tierra es la fuente de toda vida. En este retorno a sus orígenes, el Agua representa las emociones que riegan las situaciones cotidianas que nos mantienen prisioneros, y gracias a ella, se puede disfrutar del frescor de la vida. Pero ojo, el Agua también lleva asociada la sensación de peligro. Su luminosidad queda siempre oculta por la oscuridad del recipiente que la contiene. Para poder mantener su pureza, precisa seguir su flujo natural sin interrupción o de lo contrario correrá el riesgo de estancarse y pudrirse. Su camino es digno de ser venerado, ha de rellenar todos los huecos, tal y como hace el agua, para poder seguir avanzando.
Por carecer de una forma definida, el Agua se encuentra a merced de los demás. Por eso ante la más mínima puntilla que se arroje al nativo de Agua, se obtendrá siempre una rápida y bien ajustada respuesta. Basta tirar una piedra a un estanque para comprobar las ondas que genera de forma inmediata.
El Agua está viva aunque parezca a veces dormida. Lo mismo ocurre con el nativo de este elemento. La capacidad de adaptación del Agua es tal que, a pesar de las apariencias, consigue por lo general sobreponerse a cualquier obstáculo saltando antes o después sobre él.
El Agua parece tener la virtud de sacar el máximo partido a cualquier tipo de contacto o relación. Cierto es que el Agua se enriquece del movimiento y que las relaciones son su forma de oxigenarse. De esta manera enseña a los demás a disfrutar y a valorar las cosas sencillas de la vida. No hace falta un gran evento para emocionarse, la felicidad y la alegría del Agua proviene de juntar pequeñas y humildes alegrías independientemente de cuál sea su origen.
El nativo de Agua jamás rechazará a alguien que se le acerque a contarle sus penas. Al contrario, su personalidad es muy receptiva, dada a escuchar y a albergar sentimientos ajenos sin mayor pretensión que la de expresar su humanidad. Justamente por eso el nativo de este elemento es, por lo general, un estupendo progenitor que siempre encuentra un momento para escuchar las peticiones de sus hijos. Así como también un condoliente cónyuge dispuesto a compartir siempre el peso de las responsabilidades o aventuradas empresas. Normalmente, resulta sencillo depositar confianza sobre este nativo cuando se busca a un representante que delegue por todos. Busca siempre apaciguar las diferencias que pudieran llegar a generar serios conflictos La paz es para el Agua la premisa fundamental para poder desarrollar su actividad.
A la hora de relacionarse, el Agua posee una habilidad natural que le facilita la comunicación con los demás. Y no sólo eso, sino que de una forma sutil sabe cómo influir en las ideas ajenas. Es como si fuera capaz de usar la atención que se le presta a modo de recipiente, para así poder volcar sus emociones y sentimientos sobre sí mismo. Todo lo que el Agua transmite va siempre salpicado de simpatía y cordialidad. Dentro de la personalidad de este nativo hay que resaltar el importante papel que juega la intuición en la toma de decisiones cruciales a lo largo de su vida. Simplemente consultando sus preocupaciones con los demás es capaz de extraer una casi siempre acertada conclusión que resulta muy clarificadora. El Agua acaba siempre encontrando apoyo en otra persona que no se sabe bien cómo acaba compartiendo los deseos de este nativo. El Agua busca infiltrarse por medio del entusiasmo en la mente de otras personas en lugar de intentar convencerlas de otra manera.
Las mejores compañías para este elemento vienen siempre de la mano de la Madera o de la de los nativos de Tierra. De alguna manera son los recipientes naturales del Agua y entre ambos consiguen mantener un bello y estable equilibrio. El Fuego, a pesar de ser hueco según la concepción china de los elementos, representa un gran peligro para el Agua, en el caso de llegar a relacionarse.
El Agua ayuda a sus semejantes a la vez que se enriquece del contacto con ellos. Por eso las profesiones que mejor le van son aquellas que tienen que ver con el servicio a los demás. Médicos, enfermeros, abogados, músicos o sacerdotes casan bien con este elemento. En la historia podemos encontrar personajes que contaron con el apoyo incondicional de quienes les seguían, gracias sobre todo al carisma que manaba de su personalidad; Rommel o el mismo Cristóbal Colón son dos claros ejemplos de personas de Agua.


 
 

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