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El soplo es el Espíritu. El soplo es el alma. El soplo es la vida. Al enumerar estos tres principios que nuestros antepasados vincularon al soplo desde la noche de los tiempos -mucho antes de que los seres humanos descubrieran la manera de fijar sus pensamientos, ideas y reflexiones en la piedra y luego sobre el papel, para transmitirlos, de década en década, de siglo en siglo-, podemos comprender cómo y por qué la mentalidad de la humanidad ha cambiado, retrocediendo cada vez más hacia un espacio limitado, que ella misma define y considera como tal, incluso cerrándose en sí misma a medida que va creciendo y en proporción a esta multiplicación extraordinaria y vertiginosa de almas.

El soplo vital

De una persona que acaba de morir, normalmente se dice que acaba de dar su √ļltimo suspiro. Es evidente que una vez se paran todas sus funciones vitales, un ser humano deja de respirar. Pero al rev√©s, tambi√©n podemos decir que la respiraci√≥n, es decir, ese movimiento de inspiraci√≥n y espiraci√≥n del aire que todos producimos, durante el que absorbemos ox√≠geno y emitimos gas carb√≥nico, es inconsciente en la mayor√≠a de nosotros, excepto evidentemente en los momentos en que nos quedamos sin aliento.
Por otro lado, sabemos que sin esta aportaci√≥n de ox√≠geno que el aire que respiramos nos proporciona en todo momento, incluso mientras dormimos, no podr√≠amos vivir. As√≠, el aire que respiramos nos hace libres, puesto que nos permite vivir sin siquiera darnos cuenta de que respiramos, sin que esto nos moleste o nos obligue a hacer esfuerzo alguno, y a la vez somos prisioneros de ese elemento vital que es el ox√≠geno, presente libremente en la atm√≥sfera de la Tierra y que representa m√°s del 50 % del peso de nuestro planeta. Los hind√ļes fueron los primeros que supieron de las virtudes y funciones del soplo vital y de la respiraci√≥n, o prana en s√°nscrito, divididas en cinco categor√≠as que se establecen como sigue:
1. Prana es el soplo vital o fuerza pura de la vida producida por el mecanismo y el ritmo respiratorio.
2. Vyana es el soplo que alimenta la sangre y vela para que la circulación arterial y sanguínea sean sanas.
3. Samana est√° relacionada con todos los mecanismos de absorci√≥n, asimilaci√≥n y digesti√≥n de los alimentos, a los que una alimentaci√≥n sana, as√≠ como una respiraci√≥n equilibrada favorecen. 4. Apa√Īa se relaciona con la eliminaci√≥n de residuos y toxinas que pueden envenenar el organismo humano y que se ve favorecida por los movimientos respiratorios.
5. Udana es el uso m√°s evolucionado del soplo vital, porque la absorci√≥n y la expulsi√≥n del aire, realizados seg√ļn determinadas t√©cnicas, concretamente practicadas en el hata-yoga y que el yogui domina perfectamente, le permiten aprovechar esta transformaci√≥n fisiol√≥gica y qu√≠mica del ox√≠geno en su organismo con fines espirituales, activando las esferas m√°s elevadas de su esp√≠ritu. Este soplo vital transcendido, gracias al dominio que ejerce el yogui, favorece, pues, su evoluci√≥n espiritual y le permite vivir el instante de su muerte en plena conciencia. No como un acontecimiento de su vida que se sufre, como suele ocurrir para la mayor√≠a de los seres humanos que viven en la Tierra, sino como un momento para el que se prepara y que vive plenamente. En efecto, seg√ļn los hind√ļes, gracias al udana, la forma m√°s evolucionada de prana o soplo vital, el alma abandona el cuerpo en el momento de su muerte.

El soplo, veh√≠culo del alma √ļnica

Pero el pulm√≥n no es el √ļnico √≥rgano gracias al cual el ser humano respira. Respira a trav√©s de todo su ser, a trav√©s de todos los poros de la piel. Y en la naturaleza que le rodea, tambi√©n todo respira. Si, como hemos visto, al dar el √ļltimo suspiro, al expirar -que se ha convertido en sin√≥nimo de morir-, el ser humano ¬ęentrega su alma a Dios¬Ľ, consecuentemente el soplo es el veh√≠culo del alma. De ah√≠ que nuestros antepasados siempre hayan considerado que el instante del nacimiento coincid√≠a con el momento en que el reci√©n nacido produc√≠a su primera respiraci√≥n completa, es decir, la inspiraci√≥n y la espiraci√≥n del aire. Hemos abreviado y hemos sido esquem√°ticos al afirmar, de entrada, que el soplo es el alma. En realidad, a la luz de las creencias ancestrales que se han dispersado y perdurado en todas las civilizaciones antiguas, es m√°s correcto decir que el soplo es el veh√≠culo del alma. A trav√©s de este veh√≠culo, en el momento del parto el reci√©n nacido toma o recibe su alma, que ha tejido durante su vida intrauterina. A trav√©s de aqu√©l entrega su alma en el instante de su muerte. En cuanto al hecho de tener en cuenta el instante del nacimiento para establecer una carta astral, precisamos que no es una elecci√≥n arbitraria o arriesgada; puesto que si bien es cierto que cualquier madre concibe la envoltura corporal de su hijo dentro de s√≠ misma durante su embarazo, el peque√Īo ser que cobra vida en ella, aliment√°ndose de su sustancia (re)constituye, d√≠a tras d√≠a, la trama de su alma √ļnica, que podemos decir que asimila en el momento que inspira y expira su primer soplo vital. Ciertamente, durante la vida intrauterina, tambi√©n se alimenta del alma de su madre, puesto que respira el aire que ella respira. Pero en Puede decirse que, en el momento en que un ni√Īo que acaba de nacer, cuando inspira y espira su primer soplo ¬ęasume¬Ľ su alma.
este caso, el soplo que recibe le sirve de modelo. No es el suyo. O bien, el alma de su madre no es su propia alma. El apego de una madre con su hijo y el de un hijo con su madre se basa ante todo en una intimidad carnal, que es el origen de unos sentimientos muy difíciles de vivir porque engendran muchas dependencias, que derivan de necesidades y carencias. En cambio, el soplo es libre. El alma de cualquier ser humano es prisionera de su envoltura corporal, pero también y sobre todo de sus deseos, necesidades y carencias, que intenta satisfacer y compensar sin preocuparse por su alma. De hecho, al respirar, todos hacemos algo más que alimentar, activar y regenerar constantemente las funciones vitales, orgánicas y corporales: damos vida a nuestra propia alma.


 
 

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